08:15 – Suena el despertador. Le doy a que vuelva a sonar dentro de un rato y me doy la vuelta
08:25 – Suena el despertador. Le doy a que vuelva a sonar dentro de un rato y me doy la vuelta
08:35 – Suena el despertador. Le doy a que vuelva a sonar dentro de un rato y me doy la vuelta
08:45 – Suena el despertador. Refunfuño, me levanto y enciendo el móvil (por si son madrugadores)
09:15 – Salgo de casa camino al curso de Avid. Por si acaso, pongo el teléfono en modo “Muy alto”
09:35 – Llego tarde, como de costumbre. Pongo el móvil en modo “Silencio” pero con vibración y lo dejo cerquita (no sea que llamen)
11:30 – Salimos al descanso. Vuelvo a poner el móvil en modo “Muy alto” y me lo guardo en el bolsillo por si suena
12:00 – Volvemos del descanso
14:40 – Recojo, apago el ordenador y me voy a casa. Me doy cuenta de que, a la vuelta del descanso, me he olvidado del modo “Silencio” pero me acuerdo de la madre que parió a la empresa alemana
16:30 – Miro a qué hora me llamaron el viernes y me desespero un poco al comprobar que fue a las 15:50
17:30 – Me voy a recoger unas cosillas que dejé para arreglar
19:00 – Llego a casa y miro el correo electrónico, por si acaso han contactado por mail. Nada, ni flowers
19:30 – Pienso en las leyes de Murphy: cuando te metes en la bañera, suena el teléfono
20:00 – Salgo de la ducha sin que la ley de Murphy haya funcionado
20:15 – Pienso que ya estarán cenando, así que ya no me llaman
Hasta la medianoche me dedico a contestar a todos aquellos (weno, a mucha gente) a los que prometí informar si me llamaban.