Iba a contar todas las cosas que me pasaron el jueves y el viernes y que finalmente me han llamado y me entrevistan el lunes. Pero mi madre se ha ganado por méritos propios el derecho a aparecer en un post.

Mi madre es esa señora bajita que vive en la misma casa que yo. Algunas de sus aficiones son leer, hablar alto, decir "yo no veo los programas del corazón" justo antes de poner a la Igartiburu, cambiar las cosas de sitio y negarlo, regañar a mi padre (que es el segundo marido más paciente del mundo, después del de la serie Medium), automedicarse, hablar por teléfono y coger mis cosas sin permiso y sin avisarme.

Lo de la automedicación y coger mis cosas sin permiso y sin avisarme a veces suele ir unido. Sobre todo en primavera, cuando le da por mangarme los antihistamínicos. Recuerdo hace un par de primaveras, cuando mezcló mis pastillas (que dan bastante sueño) con otras que le recetó el médico para bajar la tensión (es hipertensa) y se iba durmiendo por los rincones. Nota para los que se automedican: leed los prospectos para conocer las incompatibilidades entre medicamentos.

La afición a coger mis cosas también ha hecho que me desaparezcan dos pinzas de depilar, tres limas de uñas y un sinfín de complementos. Pero también ha hecho que se gane este post. Resulta que le ha dado por coger medios botes de tinte que había por la casa y mezclarlos porque le daba pereza bajar a la droguería. Entre esos medios botes, había un morado muy bonito y muy morado que guardé para darme unas mechitas cuando llegara la primavera.

Por supuesto, si le preguntas, ella no ha sido y no sabe qué ha podido pasar con mi medio bote de tinte. Pero esos pelos granates (resultado de mezclar morado y castaño claro) la delatan.