La cesta de Navidad
Qué tiempos aquellos, cuando mi padre volvía a casa con la cesta de Navidad y nos dedicábamos toda la tarde a sacar botellas, turrones y botes de conservas. Y a buscar sitio a todos los manjares navideños, que viene siendo algo importante. Lo mejor eran los melocotones en almíbar (que no tienen nada que ver con los generales cartagineses) pero mi madre siempre se los regalaba a una tía suya que vive en Móstoles.
Esto ya no me hacía tanta gracia, porque había que ir de visita a Móstoles y me quedaba sin lata de melocotones en almíbar (sí, ya sé que los hay todo el año). La señora es muy maja pero tiene una voz demasiado potente y coloca un extraño vibrato al final de cada palabra. Y además nos regalaba todos los años una lata de piña, que eso ya no me gusta tanto, por muy diurética que sea.
Pero eso se acabó amiguitos. Se acabó hace años y ya no nos dan cesta de Navidad. Además, mi madre no recibe cesta porque cobra en B. Como ya soy persona adulta (cosa que no ocurre cuando tienes trabajo o puedes votar, sino cuando debes declarar al fisco cada año), tenía la esperanza de poder traer algún día mi propia cesta, con su botella de J&B, sus galletas de mantequilla y su lata de melocotones en almíbar (como tiene que ser). Pero aquí me tenéis: becaria y, además, en paro.
¿Y todo esto a qué viene? Pues a que ayer vi en la tele un anuncio de móviles para autónomos en el que decían que el autónomo es la única especie que no recibe cesta de Navidad. Mentira, que a los becarios no nos dan ni agenda.



Dani dijo
Bueno, este año, muchos que pillabamos cesta nos vamos a quedar sin ella.
Yo no he pillado cesta y no la voy a recibir seguro. Ya podían darnos aunque fuera un paquete de donuts. Pero ya ni eso.
Maldita crisis!
11 Diciembre 2008 | 10:14 AM