LA LIMPIADORA DE VIEJOS (a petición de Patri)

Conversación normal de becarios un día de verano:

Becaria - Joé, qué sueño tengo
Becario 1 - ¿Qué te pasa?
Becaria - Nada, que todas las mañanas me tengo que levantar a las nueve para abrirle la puerta a una mujer que viene a mi casa
Becario 2 - ¿A limpiar?
Becaria - No, a lavar a mi abuela
Becario 1 - ¿Una enfermera?
Becaria - No
Becario 1 - ¿Auxiliar?
Becaria - Tampoco. Es... limpiadora de viejos
Becario 2 - Hala
Becaria - Es cierto, se gana la vida limpiando viejos

Este personaje tiene un 50% de la culpa de que yo haya dormido bien este verano. El otro 50% es del horario de trabajo. Entre unos que me hacen levantarme pronto y otros que me hacen acostarme tarde, es lo que pasa. Muchas noches (casi todas) he cenado con Berto (el sustituo de Buenafuente este verano). Pero aquí no estamos hablando de Berto, aunque Mr. Mister y yo cenáramos con él todas las noches y termináramos cogiendo cariño.

El caso es que la mujercilla ésta (porque era más bien pequeñaja) tenía que venir tooooodas las mañanas a las 10. El primer día se perdió y tuvo que salir mi madre a buscarla. Yo no sé en qué dirección tiraría al salir del metro pero a mi madre le costó muchísimo encontrarla. Después empezó a venir cada vez más pronto, hasta que un día vino a las 9:15. Joder, como siga así, cualquier día va a venir a las 3 de la mañana y nos parecerá completamente normal. Menos mal que mi madre le dijo que no viniera antes de las 9:30.

Yo no sé cómo lavaría a mi abuela pero la verdad es que el grifo no se oía mucho. A mi abuela le gustaba, y la buena mujer es más bien guarra en lo que a la higiene personal respecta. Ella es de la opinión de que la gente que se lava mucho es porque se ensucia y si se ensucia es porque es guarra. Por lo tanto, ella es limpísima porque se lava poquísimo.

Aparte de por la (escasa) limpieza, mi abuela estaba encantada porque le encanta marujear. El primer día le sacó de dónde era, dónde vivía, cuánto tiempo hacía que vivía ahí, si estaba casada, a que se dedicaba su marido, cuántos hijos tenía, cuántas personas vivían en su casa, cuánto hacía que trabajaba para esa empresa, a cuánto le pagaban la hora, a cuántos viejos iba, cuánto tardaba de un viejo a otro y qué hacía por las tardes. Imaginad todo lo que llegó a averiguar a ese ritmo. La CIA no sabe lo que se pierde. Señores de la CIA, si quieren comprar a mi abuela para interrogar terroristas internacionales, estamos dispuestos a negociar.

En el tiempo que vino a esta santa casa (unos dos meses), se cargó dos fregonas y casi rompe la goma de la ducha. Las fregonas acabaron así por pasarse toda la mañana metidas en un cubo con lejía. Las pobres iban perdiendo color progresivamente, hasta que se deshicieron. La primera duró una semana y la segunda más porque decidimos no cambiarla, aunque daba penita verda. En cuanto a la goma de la ducha, la limpiadora de viejos se empeñaba en enrollarla lo más apretada posible al monomando del grifo. La pobre quedó hecha un higo y no volvió a ser la misma.

Cuando mi abuela se marchó, la mujer se ofreció para quedarse a limpiarnos la casa. Viendo cómo limpiaba a mi abuela, lo que les hizo a las fregonas y a la goma de la ducha y cómo dejaba el baño cada mañana y teniendo en cuenta que mi madre es limpiadora compulsiva y se entreteniene con el trapo (ahora mismo está limpiando nosequé en el baño), era lo que menos falta nos hacía.

EL TARADO DE LOS CULOS

Becaria - ¿Tú sabes qué imagen tengo ahora mismo de ti?
Tarado de los culos - Me da igual qué imagen tengas de mí
Becaria - Eres un tío que se pone la ropa de su padre para salir de juerga y que va por ahí arrastrando electrodomésticos.

Para entender esta pequeña conversación, empezaremos por el principio.

Normalmente, cuando alguien se despierta después de una noche de borrachera, se encuentra al lado de otra persona a la que no recuerda (y a veces incluso ni conoce). Este personaje no. Él se despertó tras una noche de borrachera, sin recordar lo que había ocurrido y encontró esto en su dormitorio:

Sí, señores, es un cable con enchufe. Mientras hablaba conmigo vía Intelné y resacoso perdido, fue recuperando la memoria. Resulta que la noche anterior, cuando volvía a casa, se cruzó por la calle con una presencia extraña. No era una exnovia ni un vecino ni nada similar. Era una nevera. Se conoce que la calle no le pareció buen sitio para una nevera, por lo que agarró del cable y se dedicó a arrastrarla un ratito, hasta que se cansó. Entonces, pegó un tirón del cable (está fuerte), lo arrancó y siguió su camino. A la mañana siguiente, el cable le dio los buenos días.

Pero la conversación continúo

Tarado de los culos - Creo que tengo restos de [sustancia prohibida] en la camisa que me puse ayer. No la encuentro ¿Qué habrá hecho mi madre con ella?
Becaria - ¿Pero tú qué hiciste anoche?
Tarado de los culos - ¿Sabes qué es lo mejor de todo?
Becaria - ¿Que la camisa no es tuya?
Tarado de los culos - Que mi madre no tiene olfato. Bueno, eso también, porque la camisa es de mi padre.

Guarda el cable, que lo mismo cuando termines la carrera te hace falta.