Que mi padre sea empleado de banca tiene varias ventajas:
1.- Tardo menos en hacer cambio divisa cuando viajo al extranjero
2.- No tengo que pagar por hacer transferencias ni por cobrar cheques
3.- Me entero de cosas como que si no llego al mínimo para estar obligada a hacer la declaración de la renta pero la hago me devuelven el 100% de lo retenido

Por la tercera razón, hoy he tenido que hacer una visita a Hacienda. Hala, ya tengo entretenimiento para toda la mañana. Porque la gente normal, cuando va a Hacienda, sólo tiene que ir a un mostrador y allí les atienden todo. Yo no.

Cuando yo voy a Hacienda, tengo que ir primero a un mostrador desde el que me dirigen adonde tengo que ir. Luego, espero una cola de sesenta personas. Después de esperar la cola de sesenta personas, me mandan al censo porque mis datos están mal (y esto me pasa todos los años desde 2005). Después de cambiar mis datos en el censo, tengo que volver al mostrador de la cola de sesenta personas. Luego ya me despachan en 15 segundos y me voy a casa.

Sí, ya sé que lo de cambiar los datos todos los años no es posible. Pero a mí me pasa, y tengo papeles que lo demuestran. Siempre es la dirección. Si no es el número, es el piso. Si no es el piso, es la puerta. Si no es la puerta, es cualquier otra cosa. Este año eran el número y la puerta, todo junto. Yo no me he mudado y los datos ya me dijeron el año pasado que se quedaban cambiados para siempre. Le mandaré el caso a Iker Jiménez, que seguro que manda a su equipo de investigación al edificio de Hacienda de Fuenlabrada a buscar psicofonías.

Si no fuera porque la declaración me sale a devolver, pasaría de todo esto, me plantearía muy seriamente defraudar a Hacienda en un futuro (aquel en el que la declaración pase a ser obligatoria) y me quedaba en casa durmiendo. O viendo a la hermana de mi antigua jefa en la tele.