BECARIA ELECTORAL (esto es el subtítulo)

Pues sí, me ha tocado pringar en una mesa electoral, qué se le va a hacer. Yo vivo en un municipio de 200.000 habitantes de izquierdas de toda la vida y acabé de interventora de una mesa electoral en un pueblo de 6.000 habitantes de derechas de toda vida, por un partido al que no estoy afiliada (no estoy afiliada a ninguno ni tampoco tengo muchas ganas de estarlo). ¿Cómo acabé ahí?

PARTE I: interventora
Pues resulta que tengo una amiga que está afiliada al PSOE y que vive en el pueblo de 6.000 habitantes, en cuyo Ayuntamiento trabaja esta chica. Necesitaban gente para las mesas y me dijo que fuera. Y yo, como soy una pringada, fui. Me invitó a cenar el día antes, me invitó a comer el día de las elecciones, me quedé a dormir en su casa, me hizo un bizcocho de chocolate con nueces muy rico y me regaló mucho merchandising electoral (mi madre se ha quedado con un llavero rojo con forma de Z y mi padre con un mechero-linterna). Ésta es la razón por la que voté por correo, porque el día D (9M) iba a estar en otro pueblo.

PARTE II: la mesa
Y yo llegué allí pensando que eso iba a ser como el sitio donde vivo. Ya me llamaron una vez como presidenta de mesa para unas elecciones al Parlamento Europeo y cerramos la mesa muy pronto, aunque un apoderado que andaba por ahí se empeñaba en tocarme las narices (pero no lo consiguió). ¿Qué hicimos para cerrar pronto? Pues lo mismo que todas las mesas (y que las mesas de otros municipios en los que conozco gente): abrir y contar las papeletas entre todos.

Pero no, en el pueblo al que me mandaron no se cuentan así las papeletas. Y una interventora de otro partido (os podéis imaginar de cuál) me amenazó con impugnarme sólo por proponer que contáramos como en los demás colegios de España. Ésta no fue la única discusión que tuvimos los interventores, que también hubo gresca por las papeletas que tuvieran algún nombre subrayado. Donde yo vivo son votos válidos (en la reunioncita que montó la Junta Electoral para los presis de mesa me dijeron eso), en el manual que me dio mi amiga eran votos válidos y resulta que para éstas dos señoras eran votos nulos. Pues nada, señora, los dejamos comom nulos para que se calle.

PARTE III: el escrutinio
Llega la hora de contar los votos. Nos vamos a cagar, que en nuestra mesa ha habido un 84% de participación. ¿Cómo contamos? "Sólo puede tocar las papeletas el presidente, así que el sobre lo tiene que abrir él, sacar la papeleta, leerla en alto, enseñarla y ponerla en la mesa" "Uy, pues no nos vamos de aquí hasta más de la una, verás" ¿Soy la única a quien no le parece normal que un escrutinio dure más de cinco horas? Pues parece que sí. Pero, como soy becaria, nadie me hace caso y contamos las papeletas como en los países que necesitan observadores de la ONU para votar correctamente. ¡Oiga, que a mí cuando nací me dijeron que esto era un país democrático y civilizado!

Pues a contar... Mira, qué casualidad, si el primer voto subrayado es suyo. Y va la tía y reclama los votos subrayados como votos válidos. ¿En esta mesa somos gilipollas o qué? Si los hubiéramos dejado como válidos desde el principio en vez de amenazar con impugnarme, ahora no tendríamos que andar tocando los cojones a la Junta Electoral con los votos subrayados (que bastante tendrán con los problemas de verdad que haya habido en otras mesas) ni rellenando papeles, que bastante tenemos ya con las actas. Esto es porque soy becaria, seguro.

PARTE III: lentos
Y tuvo que llegar la chica de la Junta Electoral y decirnos que qué hacíamos contando los votos así. ¿Ves como tenía yo razón? Bueno, como a esta gente tampoco le convencía lo de contar papeletas entre todos y luego sumar, al final se decidió que una vocal abría sobres y el presi leía las papeletas. La pérdida de tiempo se reduce, aunque sigue siendo considerable.

PARTE IV: el Senado
Tres horas después de recoger el último voto, terminamos de contar las papeletas del Congreso. Pues verás tú con el Senado, que va por nombres en vez de por partidos. Y, de nuevo, tuvo que venir alguien de fuera de la mesa para decirnos cómo hacerlo. "Que dos abran sobres y desdoblen papeletas y que el presidente las lea". Como la señora protestona tenía unas ganas locas de irse a casa, no puso ninguna pega a que tanta gente tocara las papeletas.

Al final no sé a qué hora terminamos pero me acosté a las 3. Y cualquier va a clase después de 18 horas en un colegio electoral. Si no fuéramos tan tocapelotas y nos hubiéramos puesto los siete que formábamos la mesa a contar votos, nos habríamos ido de allí muchísimo antes.

NOTA: ya he dicho antes que no estoy afiliada a ningún partido y que fuera de interventora por hacerle el favor a mi amiga no significa que en la próxima campaña me vayáis a ver en un mitin gritando como una loca ¿está claro?