Es tarde y estoy en una de las las bibliotecas de la universidad, haciendo un descanso después de un largo día de estudio intensivo (y de cuatro interminables temas de Derecho de la Información y las Telecomunicaciones). Aunque parezca mentira, aún queda aquí mucha gente. Algunos, desesperados porque no tenemos tiempo (trabajando todo el fin de semana a jornada completa, ya me contarás tú cuándo estudio). Otros, porque tienen fuerza de voluntad (lo que me parece admirable). También los hay que intentan arreglar en unos pocos días lo que no han hecho en cuatro meses.

Cada uno tiene su motivo y cada uno estudia una cosa. Por los libros que tiene la gente y lo que se percibe de los apuntes desde lejos (gráficos, tablas y demás apoyos gráficos), se podría decir que aquí hay representantes de casi todas las carreras (la mayoría ingenieros, que ésta es su facultad). Da igual por qué estemos aquí, qué estemos estudiando y cuánto tengamos que estudiar, el caso es que estamos pringando un jueves por la noche, pudiendo estar por ahí o en casa viendo la tele, y que la mayoría tenemos la intención de seguir pringando hasta que nos echen.

A veces me pregunto para qué tanto esfuerzo. Me han dicho miles de veces que, una vez licenciados, somos todos iguales. A veces, icluso sin licenciarnos. El día del examen, no va a haber ninguna pregunta que diga "¿Ha venido usted a clase este cuatrimestre?" o "¿Cuántas horas se ha preparado esta asignatura?". Si tienes un buen día y la suerte de que caiga justo lo que te sabías porque te tocó exponerlo en clase, te puede salir el examen estupendo habiendo estudiado dos tardes.
No sé qué tal se nos darán los exámenes a todos los que hemos pasado durante hoy por la biblioteca (que hemos sido muchos), lo que sí sé es que vamos a ser la generación de pringados mejor formada.