Me he quedado haciendo un trabajo de clase hasta tarde y, al mirar la hora, he recordado un trabajo que tuve este verano. De becaria por supuesto. Estaba en una emisora de radio digamos que mediana y el programa en el que trabajaba empezaba sobre esta hora. Bueno, pero era todo mentira porque lo dejábamos grabado y se emitía en diferido (por eso digo yo siempre que en la radio, como en el cine y la tele, todo es mentira).

Estuve allí dos meses, no me pagaron ni un euro y no me trataban ni bien ni mal porque yo iba por la mañana y mi jefa a esa hora no iba nunca a la emisora. Por lo que dicen mis compañeras de la tarde y la noche y otras personas ajenas al programa, casi mejor que estuviera yo sola, aunque me aburriera como una mona y me sintiera la secretaria de la jefa (joé, no hacía más que llamar por teléfono y pedir taxis).

Lo cierto es que, aunque no coincidiera con ella, la mujer me debió de coger algún cariño especial, porque me llamaba todos los días a casa a las cinco de la tarde. Mi padre no le tenía nada de aprecio a la señora, porque todos los días le jodía la siesta. Mi madre ni se inmutaba, porque duerme con antifaz, tapones, la persiana bajada (tontería el antifaz) y la puerta cerrada. Normalmente me llamaba porque perdía cosas y lo mismo yo sabía dónde estaban.

Y, un buen día, estas llamadas que tanto le gustaban a mi padre alcanzaron su punto máximo de absurdo: mi jefa me llamó porque había perdido un mueble. Bueno, en ningún momento hablé directamente con ella, porque me llamó otra compañera becaria. Por un lado oía a mi compañera pasarle a mi jefa lo que yo le decía y a mi jefa de fondo diciendo vete tú a saber qué y por el otro a mi padre gritando "¡¡¡Dile que se vaya a hacer puñetas!!!". Joé, si que nos despertamos mal de la siesta. Y mi madre seguía durmiendo.

Pero la cuestión de todo esto es ¿cómo se puede perder un mueble? Un mueble de cajones, de esos que hay a patadas en todas las redacciones. Lo cierto es que al principio de la llamada lo que había desaparecido era la llave del mueble, que nos la íbamos pasando de la mañana a la tarde y de la tarde a la noche y de la noche otra vez a la mañana dejándola en un sitio secreto (pero poco).

Vale, que se pierda la llave y te des cuenta cuando has ido a cogerla a su sitio lo veo normal. Pero lo de perder el mueble al completo y que, además, no te des cuenta hasta que no llamas a preguntar por la llave ya es más grave.

Finalmente, y como todas sospechábamos, mientras mi padre seguía gritando cosas que no voy a escribir aquí, el mueble había sido robado. Que también hay que tenerlos cuadrados para robar un mueble pero cosas peores se han visto ¿no? Al menos yo sí, porque ese verano en ese mismo trabajo vivimos una plaga de pulgas (y hubo que grabar media hora de programa en un estudio fumigado) y construyeron un muro a mi lado (además de sola, separada del resto) que luego, no se sabe muy bien por qué, tiraron. ¿Tendría algo que ver con la plaga?